The Great Global Warming Swindle, 2007, Gran Bretaña, Documental para Televisión, 51 minutos (existe una versión para Gran Bretaña con una duración de 75 minutos). Director y Guionista: Martin Durkin.
Martin Durkin es un productor y director de documentales que, a través de su productora WAG TV, trabaja sobre todo para la cadena británica Channel 4. Ha dirigido películas de muy variados temas, pero las más conocidas son las que critican los movimientos ecologistas. En la prensa inglesa se le conoce como "el azote de los ecologistas" y también se dice de él que es uno de los personajes más odiados por los ecologistas.
El ocho de marzo de 2007, Channel 4 estrenó The Great Global Warming Swindle, que se podría traducir por El gran timo del calentamiento global. En España, este documental fue emitido por TeleMadrid en noviembre de 2007, con el título, más políticamente correcto, de La otra cara del cambio climático. En la película son entrevistados una decena de científicos que son muy escépticos sobre el calentamiento global y, sobre todo, sobre que la causa sea el dióxido de carbono y mucho menos el producido por el hombre. Más bien se inclinan varios de ellos por afirmar que el calentamiento tiene causas naturales y que se debe a las variaciones cíclicas del número de manchas solares. Entre los científicos entrevistados están Tim Ball, de la Universidad de Winnipeg, en Canadá, Nir Shaviv, de la Universidad de Jerusalén, Ian Clark, de la Universidad de Ottawa, o Richard Lindzen, del MIT, y uno de los más conocidos críticos sobre el calentamiento global.
Según el documental, los estudios paleoclimáticos demuestran que el dióxido de carbono no puede ser el causante del calentamiento global puesto que su concentración en la atmósfera aumenta después de la subida de la temperatura. Según varios de los entrevistados, existe una mejor correlación entre la subida de la temperatura y el número de manchas solares.
Además, para Durkin, el movimiento ecologista, tanto en este como en otros temas, es más un proyecto político que un movimiento conservacionista defensor de la vida sobre la Tierra. Y si, en vez de ser las emisiones de dióxido de carbono debidas a la actividad humana la causa del calentamiento, lo son los ciclos de manchas solares, poco movimiento político resta para resolver el problema.
*Grossman, D. 2002. Richard S. Lindzen: la falacia del calentamiento global. Investigación y Ciencia enero: 32-33.
domingo 30 de marzo de 2008
jueves 27 de marzo de 2008
El consenso Oreskes
En 2004, llegó, a través de los medios de comunicación, a la opinión pública y a los políticos, que en la comunidad científica se había alcanzado el consenso sobre el cambio climático en sus dos aspectos más importantes: que existía un aumento de la temperatura y que, en ese aumento, intervenía la actividad de la especie humana por medio de la emisión de gases con efecto invernadero. Naomi Oreskes, de la Universidad de California en San Diego, publicó en el número de la revista Science del 3 de diciembre de 2004 un breve informe para confirmar la existencia del consenso entre los científicos que trabajaban en el estudio del clima. Para ello utilizó la base de datos ISI que reune la mayor parte de los artículos publicados en revistas científicas. Según exlica Oreskes en su trabajo, utilizó el término clave "cambio climático" y la base de datos seleccionó 928 artículos publicados entre 1993 y 2003. Estudió los resúmenes de los trabajos y los dividió en seis categorías: apoyo al consenso respecto al cambio climático, evaluación de los impactos, proyectos para mitigar los efectos, análisis paleoclimáticos y rechazo al consenso. El 75% de los artículos pertenecen a las tres primeras categorías y el 25% a los análisis paleoclimáticos. Ningún artículo se pertenecía a la última categoría o, lo que es lo mismo, ningún científico rechazaba el consenso respecto al cambio climático.
Sin embargo, Benny Peiser, de la Universidad John Moores de Liverpool, intentó reproducir el estudio de Naomi Oreskes y, al primer intento, con la base de datos ISI no se seleccionaron 928 artículos sino casi 12000. De inmediato, en el número de Science del 21 de enero de 2005 apareció una rectificación, atribuida a una errata, en la que se decía que el término utilizado por Oreskes en su búsqueda en la base de datos no fue "cambio climático" sino "cambio climático global"; al añadir un tercer término a la búsqueda, ésta restringía extraordinariamente el número de artículos seleccionados que, según Oreskes, pasaban de unos 12000 a los 928 estudiados.
Peiser reprodujo, de nuevo, el trabajo de Oreskes con los nuevos términos de búsqueda y obtuvo
1247 artículos, de los que sólo 1117 tenían un resumen que permitía estudiar su contenido y asignarlos a las siguientes nueve categorías (en vez de la seis de Oreskes): acuerdo con el consenso, evaluación de los impactos, propuestas de mitigar los impactos, metodología, paleoclima, rechazo del consenso, factores naturales del cambio climático global y sin relación con el cambio climático global actual. Según Peiser, el 42% de los artículos no relacionan el cambio climático con las actividades del hombre (hay 34 resúmenes que lo rechazan explícitamente) y sólo el 29% están de acuerdo con el consenso; 44 de los artículos se centran en causas naturales del cambio climático global. Sólo 13 resúmenes, es decir el 1%, aceptan el consenso que, para Oreskes, alcanzaba el 75%. Benny Peiser intentó publicar sus resultados en Science pero, con fecha del 13 de abril de 2005, se lo rechazaron.
En 2006, en una entrevista con la periodista Sarah Curnow, de Media Watch, rectificó en parte sus conclusiones ya que, a diferencia de Oreskes, en los artículos que analizó había varios que no eran directamente trabajos de investigación sino editoriales o artículos de opinión. Pero también añade nuevas objeciones al trabajo de Oreskes.
Mi conclusión es que, a pesar de que existe un amplio consenso, sobre todo propiciado por el IPCC y sus informes, y que estos informes son los que llegan a la opinión pública y a los que tienen que tomar las decisiones políticas, hay un pequeño grupo de políticos que duda del calentamiento global y un grupo todavía mayor, en general silenciado en los medios de comunicación, que pide más, mejores y menos sesgados estudios sobre la intervención humana en el calentamiento global.
Todo este asunto, excepto esta última entrevista de Peiser, aparece muy bien expuesto en el libro de Jorge Alcalde que cito en la bibliografía. Y para acabar, devuelvo la palabra a Naomi Oreskes y recomiendo que lean su interesante trabajo publicado en 2007.
*Alcalde, J. 2007. Las mentiras del cambio climático. LibrosLibres. Madrid. 210 pp.
*Oreskes, N. 2004. The scientific consensus on climate change. Science 306: 1686.
*Oreskes, N. 2007. The scientific consensus on climate change: How do we know we're not wrong? En "Climate change: What it means for us, our children, and our grandchildren", p. 65-99. Ed. por J.F.C. DiMento & P. Doughman. MIT Press.
Sin embargo, Benny Peiser, de la Universidad John Moores de Liverpool, intentó reproducir el estudio de Naomi Oreskes y, al primer intento, con la base de datos ISI no se seleccionaron 928 artículos sino casi 12000. De inmediato, en el número de Science del 21 de enero de 2005 apareció una rectificación, atribuida a una errata, en la que se decía que el término utilizado por Oreskes en su búsqueda en la base de datos no fue "cambio climático" sino "cambio climático global"; al añadir un tercer término a la búsqueda, ésta restringía extraordinariamente el número de artículos seleccionados que, según Oreskes, pasaban de unos 12000 a los 928 estudiados.
Peiser reprodujo, de nuevo, el trabajo de Oreskes con los nuevos términos de búsqueda y obtuvo
1247 artículos, de los que sólo 1117 tenían un resumen que permitía estudiar su contenido y asignarlos a las siguientes nueve categorías (en vez de la seis de Oreskes): acuerdo con el consenso, evaluación de los impactos, propuestas de mitigar los impactos, metodología, paleoclima, rechazo del consenso, factores naturales del cambio climático global y sin relación con el cambio climático global actual. Según Peiser, el 42% de los artículos no relacionan el cambio climático con las actividades del hombre (hay 34 resúmenes que lo rechazan explícitamente) y sólo el 29% están de acuerdo con el consenso; 44 de los artículos se centran en causas naturales del cambio climático global. Sólo 13 resúmenes, es decir el 1%, aceptan el consenso que, para Oreskes, alcanzaba el 75%. Benny Peiser intentó publicar sus resultados en Science pero, con fecha del 13 de abril de 2005, se lo rechazaron.
En 2006, en una entrevista con la periodista Sarah Curnow, de Media Watch, rectificó en parte sus conclusiones ya que, a diferencia de Oreskes, en los artículos que analizó había varios que no eran directamente trabajos de investigación sino editoriales o artículos de opinión. Pero también añade nuevas objeciones al trabajo de Oreskes.
Mi conclusión es que, a pesar de que existe un amplio consenso, sobre todo propiciado por el IPCC y sus informes, y que estos informes son los que llegan a la opinión pública y a los que tienen que tomar las decisiones políticas, hay un pequeño grupo de políticos que duda del calentamiento global y un grupo todavía mayor, en general silenciado en los medios de comunicación, que pide más, mejores y menos sesgados estudios sobre la intervención humana en el calentamiento global.
Todo este asunto, excepto esta última entrevista de Peiser, aparece muy bien expuesto en el libro de Jorge Alcalde que cito en la bibliografía. Y para acabar, devuelvo la palabra a Naomi Oreskes y recomiendo que lean su interesante trabajo publicado en 2007.
*Alcalde, J. 2007. Las mentiras del cambio climático. LibrosLibres. Madrid. 210 pp.
*Oreskes, N. 2004. The scientific consensus on climate change. Science 306: 1686.
*Oreskes, N. 2007. The scientific consensus on climate change: How do we know we're not wrong? En "Climate change: What it means for us, our children, and our grandchildren", p. 65-99. Ed. por J.F.C. DiMento & P. Doughman. MIT Press.
domingo 23 de marzo de 2008
La prensa y el medio ambiente

Dentro del Máster impartido por la Universidad del País Vasco titulado Contaminación y Toxicología Ambientales, y en el curso Percepción Social de la Contaminación, se ha llevado a cabo un estudio previo de la presencia de noticias sobre el medio ambiente en la prensa diaria. La toma de datos se hizo en cinco días, entre el 7 y el 11 de enero de 2008.
El periódico con mayor porcentaje de noticias sobre el medio ambiente fue Le Monde, con 4,18%, y el menor Berria con el 1,32%. En El País, en la semana de toma de datos, se estaba publicando una serie de reportajes sobre el urbanismo en la costa, con dos páginas por día; si se eliminan, el porcentaje queda alrededor del 1,5%. El Correo y el Gara, los periódicos de mayor tirada en el País Vasco, tienen porcentajes intermedios, con el Gara el mayor a nivel regional.
No es todavía el momento de las conclusiones con tan pocos datos, pero ni la difusión ni la distribución regional o estatal, es decir, la mayor o menor proximidad al lector, parecen influir en el porcentaje de noticias sobre el medio ambiente. Para confirmar el mayor porcentaje de Le Monde, habría que estudiar un periodo de tiempo mayor y, además, otros periódicos de difusión internacional.
En general, al grupo de trabajo le ha parecido que las noticias sobre el medio ambiente, a pesar de los titulares que generan, en el día a día se tratan escasamente en los medios escritos.
En el grupo de trabajo han intervenido (por orden alfabético) Diana Castillo, Raúl Escribano, Naiara Goinaga, Iratxe Ibarrondo, Alba Jimeno, Alberto Katsumiti, Leire Méndez y Oihana Urien, con la coordinación de Eduardo Angulo.
miércoles 19 de marzo de 2008
Ecologistas, economistas y fundamentalistas
John Gray es profesor de la London School of Economics y autor de varios libros (Liberalismo, Isaiah Berlin, Las dos caras del liberalismo : una nueva interpretación de la tolerancia liberal, Perros de paja : reflexiones sobre los humanos y otros animales, Al Qaeda y lo que significa ser moderno) y publicó el pasado 17 de marzo en El País un artículo titulado Los verdes y el cambio climático, que incluía el siguiente párrafo:
Los activistas verdes, los economistas del libre mercado y los fundamentalistas religiosos pueden dar la impresión de no tener mucho en común. No obstante, todos están de acuerdo en que no hay nada que no pueda resolverse con un mejor reparto, un crecimiento más rápido y una transformación de los valores humanos.
Los activistas verdes, los economistas del libre mercado y los fundamentalistas religiosos pueden dar la impresión de no tener mucho en común. No obstante, todos están de acuerdo en que no hay nada que no pueda resolverse con un mejor reparto, un crecimiento más rápido y una transformación de los valores humanos.
lunes 17 de marzo de 2008
Basura: Ginebra, Nápoles, Bilbao
En Ginebra necesitan basura, y debe ser basura fresca; más o menos, unas 300000 toneladas. Así nos lo cuenta Félix de Azúa en un estupendo artículo publicado el 10 de marzo en El País. La empresa Services Industriels de Genève (SIG), encargada del tratamiento de basuras de la ciudad de Ginebra, puso en marcha en 2002 una planta de incineración de basuras, con tres hornos y una capacidad de de funcionamiento de 350000 toneladas anuales. Pero nunca pasó de las 200000 toneladas porque los suizos reciclan como el que más. Los ginebrinos separan la basura en casa y queda poca para quemar. La solución más fácil sería cerrar alguno de los hornos y rebajar la capacidad de incineración de la planta pero, en ese caso tendrían que despedir a cincuenta trabajadores. Y cavilaron, ¿no sería mejor importar basura para incinerar? Claro está que debía ser basura fresca; salvan los puestos de trabajo y siguen produciendo electricidad que, seguramente, sus buenos francos suizos dará a la SIG. Pero, ¿quién está dispuesto a vender basura fresca? Sólo hay que leer la prensa, la solución está en Nápoles: la Campania produce unas 250000 toneladas anuales de basura y no saben que hacer con ella; los vertederos legales, si es que existe alguno, están llenos, y los ilegales ocupan todo el espacio disponible que no se dedica a otros asuntos más rentables para la Camorra. Pues entonces cargamos en tren de 40 a 90000 toneladas anuales de basura (fresca) y las llevamos hasta la frontera suiza y de allí, en camiones hasta Ginebra. Y a incinerar.
¿Y Nápoles? Allí, la basura se entierra; la que sea y donde sea. En 20 años, la basura napolitana ha incinerado a ocho comisarios especiales encargados de resolver el problema de la basura. Pero el problema no es la basura, es la Camorra. Se hace cargo de cualquier porquería que le quieran vender; si el tratamiento adecuado de un kilo de basura cuesta entre 21 y 62 céntimos, la Camorra lo hace por 10 céntimos. Pero, ¿cómo consigue este milagro económico? Pues es sencillo, la entierra en cualquier sitio. Y no sólo la basura napolitana, cualquier basura de cualquier parte; toda Italia pero sobre todo el civilizado norte, lleva décadas vendiendo basura a la Camorra. Ya lo dijo hace más de 20 años el mafioso arrepentido Nunzio Perrella: La munnezza è oro (La basura es oro). Nadie se enteró, o quiso enterarse, de que ni siquiera era una metáfora, era literal.
¿Y Bilbao? ¿Qué tiene que ver Bilbao con todo este asunto? Pues Bilbao también tiene incineradora, más modesta que la de Ginebra, sólo con un horno y una respetable capacidad anual de 230000 toneladas. Como el año 2006 quemó más de 216000 toneladas, la instalación, llamada Zabalgarbi, está, si no lo ha hecho ya, alcanzando su máximo. Por ello, los accionistas, unos públicos (el 43%) como la Diputación Foral de Bizkaia o el Ente Vasco de la Energía, y otros privados (el 57%) entre los que está SENER, FCC o la BBK, han decidido montar otro horno, algo menor, con una capacidad de 100000 toneladas anuales. En el Ayuntamiento de Bilbao gobiernan en coalición el PNV y EB (Ezker Batua o, en su versión española, Izquierda Unida) y este último partido se opone a la incineradora y, en consecuencia, toda la basura de Bilbao va al vertedero o se recicla pero no se incinera. Este segundo horno quedaría, en principio, cubierto por la basura de Bilbao. Es curioso que la basura de Bilbao se tire a un vertedero situado en el municipio de Bilbao y no se incinere en una incineradora que también está en el municipio de Bilbao y, por tanto, con licencia de funcionamiento concedida por el mismo ayuntamiento que no la quiere utilizar. En fin, salgamos de estos cenagales políticos y volvamos a lo nuestro, a la basura.
Además, en la misma zona donde se ubican el vertedero y la incineradora se va a construir próximamente una planta de compostaje para recuperar la basura orgánica. El reciclaje aumenta y el incremento en la producción de basura disminuye; no quisiera parecer presuntuoso si aseguro que no pasará mucho tiempo antes de que los bilbaínos sean tan recicladores como los ginebrinos. Si es así, y algún responsable político ya lo ha insinuado, tendremos que importar basura, fresca por supuesto. Ya importamos chatarra para la factoría ACB (Acería Compacta de Bizakaia), productora de acero. Pues también basura, y más fácil que Ginebra, ya que podría venir de Nápoles en barco. No quiero ni pensar el olor y los bichos que también importaremos pero, es evidente que, si la Camorra ha demostrado que "la basura es oro", ¿por qué no aprovecharnos de ello? ¿Acaso no es Bilbao el modelo de la ciudad de servicios del siglo XXI?
*Azúa, F. de. 2008. Ginebra: se compra basura. El País 10 marzo.
*Dean, M. 2008. Nápoles, donde la basura es oro. La Jornada 7 enero.
*Diputación Foral de Bizkaia. 2008. Bizkaia se posiciona a la cabeza de la gestión de residuos urbanos a nivel europeo. Medio Ambiente: Actualidad. 3 marzo.
*Goikoetxea, A. 2007. Zabalgarbi busca las basuras de Bilbao. Gara 27 marzo
*Goikoetxea, A. 2008. Zabalgarbi alcanza su capacidad máxima y abrirá otra línea pra 2012. Gara 4 marzo.
*Saviano, R. 2008. Emergencia en Italia. El País 24 febrero.
¿Y Nápoles? Allí, la basura se entierra; la que sea y donde sea. En 20 años, la basura napolitana ha incinerado a ocho comisarios especiales encargados de resolver el problema de la basura. Pero el problema no es la basura, es la Camorra. Se hace cargo de cualquier porquería que le quieran vender; si el tratamiento adecuado de un kilo de basura cuesta entre 21 y 62 céntimos, la Camorra lo hace por 10 céntimos. Pero, ¿cómo consigue este milagro económico? Pues es sencillo, la entierra en cualquier sitio. Y no sólo la basura napolitana, cualquier basura de cualquier parte; toda Italia pero sobre todo el civilizado norte, lleva décadas vendiendo basura a la Camorra. Ya lo dijo hace más de 20 años el mafioso arrepentido Nunzio Perrella: La munnezza è oro (La basura es oro). Nadie se enteró, o quiso enterarse, de que ni siquiera era una metáfora, era literal.
¿Y Bilbao? ¿Qué tiene que ver Bilbao con todo este asunto? Pues Bilbao también tiene incineradora, más modesta que la de Ginebra, sólo con un horno y una respetable capacidad anual de 230000 toneladas. Como el año 2006 quemó más de 216000 toneladas, la instalación, llamada Zabalgarbi, está, si no lo ha hecho ya, alcanzando su máximo. Por ello, los accionistas, unos públicos (el 43%) como la Diputación Foral de Bizkaia o el Ente Vasco de la Energía, y otros privados (el 57%) entre los que está SENER, FCC o la BBK, han decidido montar otro horno, algo menor, con una capacidad de 100000 toneladas anuales. En el Ayuntamiento de Bilbao gobiernan en coalición el PNV y EB (Ezker Batua o, en su versión española, Izquierda Unida) y este último partido se opone a la incineradora y, en consecuencia, toda la basura de Bilbao va al vertedero o se recicla pero no se incinera. Este segundo horno quedaría, en principio, cubierto por la basura de Bilbao. Es curioso que la basura de Bilbao se tire a un vertedero situado en el municipio de Bilbao y no se incinere en una incineradora que también está en el municipio de Bilbao y, por tanto, con licencia de funcionamiento concedida por el mismo ayuntamiento que no la quiere utilizar. En fin, salgamos de estos cenagales políticos y volvamos a lo nuestro, a la basura.
Además, en la misma zona donde se ubican el vertedero y la incineradora se va a construir próximamente una planta de compostaje para recuperar la basura orgánica. El reciclaje aumenta y el incremento en la producción de basura disminuye; no quisiera parecer presuntuoso si aseguro que no pasará mucho tiempo antes de que los bilbaínos sean tan recicladores como los ginebrinos. Si es así, y algún responsable político ya lo ha insinuado, tendremos que importar basura, fresca por supuesto. Ya importamos chatarra para la factoría ACB (Acería Compacta de Bizakaia), productora de acero. Pues también basura, y más fácil que Ginebra, ya que podría venir de Nápoles en barco. No quiero ni pensar el olor y los bichos que también importaremos pero, es evidente que, si la Camorra ha demostrado que "la basura es oro", ¿por qué no aprovecharnos de ello? ¿Acaso no es Bilbao el modelo de la ciudad de servicios del siglo XXI?
*Azúa, F. de. 2008. Ginebra: se compra basura. El País 10 marzo.
*Dean, M. 2008. Nápoles, donde la basura es oro. La Jornada 7 enero.
*Diputación Foral de Bizkaia. 2008. Bizkaia se posiciona a la cabeza de la gestión de residuos urbanos a nivel europeo. Medio Ambiente: Actualidad. 3 marzo.
*Goikoetxea, A. 2007. Zabalgarbi busca las basuras de Bilbao. Gara 27 marzo
*Goikoetxea, A. 2008. Zabalgarbi alcanza su capacidad máxima y abrirá otra línea pra 2012. Gara 4 marzo.
*Saviano, R. 2008. Emergencia en Italia. El País 24 febrero.
domingo 9 de marzo de 2008
Afganistanismo
En los asuntos ambientales que llegan al público y crean opinión, a menudo se adopta un estilo catastrofista que exagera los peligros y provoca respuestas rápidas y contundentes pero, con demasiada frecuencia, de corta duración puesto que los desastres anunciados no llegan. Según S.W. Pacala y sus colaboradores, de la Universidad de Princeton, en las decisiones que se tomen para resolver las crisis se deben tener en cuenta los riesgos y los beneficios de tomar resoluciones inmediatas en las alarmas por crisis ambientales y, por prudencia, siempre se debe adoptar las que más protejan el ambiente. Sin embargo, en la mayoría de los casos, las consecuencias de las crisis ambientales anunciadas es difícil que sintamos que nos alcancen individualmente porque ocurren en un tiempo muy dilatado o en lugares lejanos. Tanto es así que, como expone Lomborg en su libro El ecologista escéptico, a partir de un informe publicado en 1992 y titulado Health of the Planet, se observa que para la mayoría de los encuestados el medio ambiente es una de sus mayores preocupaciones pero, y es curioso, cuando se les interroga sobre el estado del medio ambiente a nivel global, nacional y local, a nivel global el estado es muy malo, a nivel nacional algo mejor, y a nivel local mucho mejor que los otros dos.
La opinión que subyace a los resultados de esta encuesta, se basa en las informaciones que llegan a los ciudadanos y esto ocurre a través de los medios de comunicación. Donny Roush, de la Fundación de Ciencia e Investigación Ambientales, y Rosanne Fortner, de la Universidad Estatal de Ohio, estudiaron el tratamiento que se da en la prensa a la dispersión por Estados Unidos del bivalvo invasor llamado mejillón zebra (Dreissena polymorpha). Estudiaron las noticias sobre el molusco, entre el 1 de junio de 1988 y el 31 de mayo de 1993, en el Plain Dealer de Cleveland, el Dispatch de Columbus, el Courier-Journal de Louisville, el Enquirer de Cincinnati y el Commercial Appeal de Memphis. En los resultados queda claro que las noticias tienen cobertura en el momento de producirse y van disminuyendo en importancia y espacio a ellas dedicado con el tiempo; a partir de entonces, solamente vuelven a aparecer cuando algo similar, siempre tratando del mejillón zebra, ocurre en otro lugar. La sensación para el lector es que el problema se ha resuelto y ha desaparecido de su entorno y, por el contrario, es muy importante en lugares lejanos.
En un trabajo anterior publicado en 1993, Julia Corbett, de la Universidad de Minnesota, encontró un resultado semejante cuando investigó el tratamiento dado al calentamiento global en varios periódicos de Canadá y Estados Unidos (el Star de Toronto, el Journal de Edmonton, el Citizen de Ottawa, el Tribune de Chicago, el Star Tribune de Minneapolis y el Enquirer de Cincinnati). La preocupación por el calentamiento global existía pero no permanecía firmemente asentada entre las prioridades de los lectores. Esto es lo que en periodismo se denomina afganistanismo.
Este término, utilizado desde los años cuarenta en el periodismo estadounidense y popularizado en 1974 por el Premio Pulitzer Anthony Lukas, del New York Times, significa que el periodista escribe sin problemas y con seguridad de algo que sólo él conoce en profundidad porque ocurre lejos del área de conocimiento más o menos directo de los lectores del periódico (por ejemplo, del tsunami producido por el terremoto de Indonesia), y excluye de las noticias aquellas que conciernen a hechos cercanos al lector, que puede conocer en profundidad e incluso vivirlos en primera persona (por ejemplo, las emisiones de dioxinas de una incineradora), o molestar a personas, instituciones o empresas influyentes en el entorno cercano al periódico.
Roush y Fortner, en el artículo que antes he citado, proponen una definición de afganistanismo adecuada al tratamiento de las noticias que tienen relación con el medio ambiente: Cualquier descripción de temas ambientales que tengan lugar en el área de distribución de un periódico será menos severa, menos habitual y con un impacto menos negativo que si ocurre en otra parte; de la misma forma, cualquier descripción de un tema ambiental que tenga lugar fuera del área de circulación del periódico, será más importante, más habitual y más negativa en extensión y efectos.
*Corbett, J.B. 1993. Atmospheric ozone: A global or local issue? Coverage in Canadian and U.S. newspapers. Canadian Journal of Communication vol. 18, January 1.
*Lomborg, B. 2003. El ecologista escéptico. Espasa Calpe. Madrid. 632 pp.
*Pacala, S.W., E. Bulte, J.A. List & S.A. Levin. 2003. False alarm over environmental false alarms. Science 301: 1187-1188.
*Roush, D. & R. Fortner. 1996. Newspaper coverage of zebra mussel in North America: A case of “Afghanistanism”? Electronic Green Journal vol. 3, June.
La opinión que subyace a los resultados de esta encuesta, se basa en las informaciones que llegan a los ciudadanos y esto ocurre a través de los medios de comunicación. Donny Roush, de la Fundación de Ciencia e Investigación Ambientales, y Rosanne Fortner, de la Universidad Estatal de Ohio, estudiaron el tratamiento que se da en la prensa a la dispersión por Estados Unidos del bivalvo invasor llamado mejillón zebra (Dreissena polymorpha). Estudiaron las noticias sobre el molusco, entre el 1 de junio de 1988 y el 31 de mayo de 1993, en el Plain Dealer de Cleveland, el Dispatch de Columbus, el Courier-Journal de Louisville, el Enquirer de Cincinnati y el Commercial Appeal de Memphis. En los resultados queda claro que las noticias tienen cobertura en el momento de producirse y van disminuyendo en importancia y espacio a ellas dedicado con el tiempo; a partir de entonces, solamente vuelven a aparecer cuando algo similar, siempre tratando del mejillón zebra, ocurre en otro lugar. La sensación para el lector es que el problema se ha resuelto y ha desaparecido de su entorno y, por el contrario, es muy importante en lugares lejanos.
En un trabajo anterior publicado en 1993, Julia Corbett, de la Universidad de Minnesota, encontró un resultado semejante cuando investigó el tratamiento dado al calentamiento global en varios periódicos de Canadá y Estados Unidos (el Star de Toronto, el Journal de Edmonton, el Citizen de Ottawa, el Tribune de Chicago, el Star Tribune de Minneapolis y el Enquirer de Cincinnati). La preocupación por el calentamiento global existía pero no permanecía firmemente asentada entre las prioridades de los lectores. Esto es lo que en periodismo se denomina afganistanismo.
Este término, utilizado desde los años cuarenta en el periodismo estadounidense y popularizado en 1974 por el Premio Pulitzer Anthony Lukas, del New York Times, significa que el periodista escribe sin problemas y con seguridad de algo que sólo él conoce en profundidad porque ocurre lejos del área de conocimiento más o menos directo de los lectores del periódico (por ejemplo, del tsunami producido por el terremoto de Indonesia), y excluye de las noticias aquellas que conciernen a hechos cercanos al lector, que puede conocer en profundidad e incluso vivirlos en primera persona (por ejemplo, las emisiones de dioxinas de una incineradora), o molestar a personas, instituciones o empresas influyentes en el entorno cercano al periódico.
Roush y Fortner, en el artículo que antes he citado, proponen una definición de afganistanismo adecuada al tratamiento de las noticias que tienen relación con el medio ambiente: Cualquier descripción de temas ambientales que tengan lugar en el área de distribución de un periódico será menos severa, menos habitual y con un impacto menos negativo que si ocurre en otra parte; de la misma forma, cualquier descripción de un tema ambiental que tenga lugar fuera del área de circulación del periódico, será más importante, más habitual y más negativa en extensión y efectos.
*Corbett, J.B. 1993. Atmospheric ozone: A global or local issue? Coverage in Canadian and U.S. newspapers. Canadian Journal of Communication vol. 18, January 1.
*Lomborg, B. 2003. El ecologista escéptico. Espasa Calpe. Madrid. 632 pp.
*Pacala, S.W., E. Bulte, J.A. List & S.A. Levin. 2003. False alarm over environmental false alarms. Science 301: 1187-1188.
*Roush, D. & R. Fortner. 1996. Newspaper coverage of zebra mussel in North America: A case of “Afghanistanism”? Electronic Green Journal vol. 3, June.
domingo 2 de marzo de 2008
El ecologismo de los pobres
El ecologismo de los pobres es un concepto y, en la actualidad, una línea de investigación y una manera de entender las implicaciones sociales de la ecología, creado en la década de los noventa por Juan Martínez Alier y Ramachandra Guha. Para entender el ecologismo de los pobres me ha sido muy útil el ejemplo con el que Guha termina su artículo de 1995 y que voy a explicar a continuación.
En mayo de 1979, un joven ecologista norteamericano, Mark Dubois, se encadenó a una roca en la orilla del río Stanislaus, en California, en un cañón que iba a quedar sumergido por la presa de New Melones, a cuya construcción se oponían Dubois y la organización a la que pertenecía, Amigos del Río. Catorce años después, en agosto de 1993, Medha Paktar y otros activistas de su grupo, Narmada Bachao Andolan, utilizaron la misma estrategia para oponerse al llenado de la presa Sardar Sarovar, en el río Narmada, en la India. En ambos casos, y aunque Ramachandra Guha considera que sin conocimiento mutuo, los activistas utilizaron el mismo método. Pertenecían a movimientos populares que se oponían a la construcción y llenado de grandes presas en lugares concretos y, cuando parecía que su lucha iba a ser derrotada, optaron por jugar su última carta. El poder político fue lo bastante abierto para detener el llenado de los embalses y aceptar el diálogo con los grupos ecologistas implicados en la lucha contra las dos presas.
Pero hay una diferencia esencial. Mark Dubois escribió que su lucha era para salvar uno de los últimos ejemplos de la naturaleza silvestre de California. Añadió que toda la vida de este cañón, su riqueza arqueológica, sus raíces históricas para entender nuestro pasado, su grandeza geológica única, son razones suficientes para proteger este cañón por sí mismo. En cambio, Paktar y su grupo no sólo querían salvar el río Narmada, sino también, y aquí está la diferencia, la as decenas de miles de campesinos desplazados por la presa. El proyecto inundaría 245 pueblos, con una población de 66675 personas, en su mayoría campesinos pobres. El embalse destruiría bosques y lugares históricos pero, también, la cultura viva de las comunidades que vivían en las orillas del río Narmada.
En resumen, los grupos ecologistas occidentales defienden la naturaleza pura, depósito de diversidad biológica y de placer estético. Pero en los países en desarrollo se defiende, además y a menudo exclusivamente, el uso del medio ambiente y quién debe beneficiarse de él y no únicamente la naturaleza en sí misma. Guha termina su artículo manifestando que si la ecología de la abundancia afirma que no puede haber Humanidad sin Naturaleza, el ecologismo de los pobres responde con un contundente no queremos Naturaleza sin Justicia Social.
*Guha, R. 1995. El ecologismo de los pobres. Ecología Política 8: 137-151.
*Martínez Alier, J. 1992 (2006). El ecologismo de los pobres. Archivo Chile.
En mayo de 1979, un joven ecologista norteamericano, Mark Dubois, se encadenó a una roca en la orilla del río Stanislaus, en California, en un cañón que iba a quedar sumergido por la presa de New Melones, a cuya construcción se oponían Dubois y la organización a la que pertenecía, Amigos del Río. Catorce años después, en agosto de 1993, Medha Paktar y otros activistas de su grupo, Narmada Bachao Andolan, utilizaron la misma estrategia para oponerse al llenado de la presa Sardar Sarovar, en el río Narmada, en la India. En ambos casos, y aunque Ramachandra Guha considera que sin conocimiento mutuo, los activistas utilizaron el mismo método. Pertenecían a movimientos populares que se oponían a la construcción y llenado de grandes presas en lugares concretos y, cuando parecía que su lucha iba a ser derrotada, optaron por jugar su última carta. El poder político fue lo bastante abierto para detener el llenado de los embalses y aceptar el diálogo con los grupos ecologistas implicados en la lucha contra las dos presas.
Pero hay una diferencia esencial. Mark Dubois escribió que su lucha era para salvar uno de los últimos ejemplos de la naturaleza silvestre de California. Añadió que toda la vida de este cañón, su riqueza arqueológica, sus raíces históricas para entender nuestro pasado, su grandeza geológica única, son razones suficientes para proteger este cañón por sí mismo. En cambio, Paktar y su grupo no sólo querían salvar el río Narmada, sino también, y aquí está la diferencia, la as decenas de miles de campesinos desplazados por la presa. El proyecto inundaría 245 pueblos, con una población de 66675 personas, en su mayoría campesinos pobres. El embalse destruiría bosques y lugares históricos pero, también, la cultura viva de las comunidades que vivían en las orillas del río Narmada.
En resumen, los grupos ecologistas occidentales defienden la naturaleza pura, depósito de diversidad biológica y de placer estético. Pero en los países en desarrollo se defiende, además y a menudo exclusivamente, el uso del medio ambiente y quién debe beneficiarse de él y no únicamente la naturaleza en sí misma. Guha termina su artículo manifestando que si la ecología de la abundancia afirma que no puede haber Humanidad sin Naturaleza, el ecologismo de los pobres responde con un contundente no queremos Naturaleza sin Justicia Social.
*Guha, R. 1995. El ecologismo de los pobres. Ecología Política 8: 137-151.
*Martínez Alier, J. 1992 (2006). El ecologismo de los pobres. Archivo Chile.
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