La teoría dice que en la extinción de especies raras no puede deberse a la acción del hombre pues, al ser tan escasas, los costes superan a los posibles beneficios. Sin embargo, el grupo dirigido por Franck Courchamp y Elena Angulo, de la Universidad París Sur, asegura que es precisamente su rareza la que contribuye a su extinción por acción humana o, en términos técnicos, antropogénica. La especie humana da más valor a las rarezas que a lo que es común. El grupo de Courchamp y Angulo lo ha demostrado de una manera sencilla y rápida: ha creado una página web de fauna en la que ha colocado dos colecciones de diapositivas de fotos de animales, una de ellas de especies raras y otra de especies comunes. Después de 4941 visitas, aproximadamente la mitad (el 48%) intenta entrar en una sola de las colecciones, y de ellos, más del 60% entra en el catálogo de especies raras. De la otra mitad, la que intenta entrar en las dos colecciones, el 67% entra finalmente en las especies raras. En resumen, el público valora más la rareza; más adelante volveré sobre ello.
En otro trabajo, Courchamp y Angulo enumeran los efectos de esta querencia por la rareza que, como consecuencia, elimina o aminora el factor económico en su captura que mencionaba al principio: el dinero que se llega a pagar por animales raros como mascotas, como trofeos de caza, para exhibirlos en un zoológico o para colecciones de científicos, museos o aficionados, como atracción de viajes de ecoturismo, o para su uso en la medicina tradicional. Todo ello, y quizá alguna otra causa, llevan a la extinción a través del efecto Allee.
El efecto Allee se refiere a la extinción de una especie cuando la densidad de población es extremadamente baja y por razones de su comportamiento se impide su reproducción. Por ejemplo, si hay tan pocos ejemplares que los sexos no se encuentran para reproducirse o, si cazan en grupo, si no hay suficientes cazadores y la presa se escapa. Y también puede producirse el efecto Allee si es la especie humana la que impide la reproducción de la especie y es entonces cuando se le denomina antropogénico. Courchamp y Angulo aseguran que, en nuestro amor por la rareza, estamos contribuyendo a la extinción de especies por el efecto Allee. Por ello, aconsejan a los conservacionistas que no basen sus campañas de conservación en especies raras pues, de inmediato, aumentan su valor para muchas de las causas que he mencionado más arriba y contribuyen a su captura.
*Angulo, E. & F. Courchamp. 2009. Rare species are valued big time. PLoS ONE 4: e5215.
*Courchamp, F., E. Angulo, P. Rivalan, R.J. Hall, L. Signoret, L. Bull & Y. Meinard. 2006. Rarity value and species extinction: The anthropogenic Allee Effect. PLoS Biology 4: 2405-2410.
sábado 11 de julio de 2009
domingo 5 de julio de 2009
Verdes a los quince años
Esta es una entrada breve y con muchos vínculos. La OCDE es la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico; tiene 30 estados miembros y su objetivo es promover y coordinar sus políticas económicas y sociales. En los últimos años ha promovido el Informe PISA (Programme for International Student Assessment) para evaluar la enseñanza en los países miembros y algunos más que se han adherido voluntariamente. En el Informe de 2006 se hizo un seguimiento de los conocimientos científicos de más de 400000 estudiantes de quince años en 57 países.
A partir de los datos de PISA 2006, Davir Baker y su grupo, de la Universidad de Pennsylvania, elaboraron un informe, titulado Green at Fifteen?, reuniendo las respuestas relacionadas con el medio ambiente. Este informe se puede obtener en pdf en la página web de la OCDE. Después del análisis de los datos, y sólo voy a exponer una de las conclusiones (para el resto recomiendo leer el informe completo), se detecta que los jóvenes que mejor conocen los problemas ambientales de nuestro tiempo, son los menos optimistas con su solución y con su futuro y, por el contrario, los más ignorantes son los más optimistas. Un antiguo refrán del campo español ya decía que La ignorancia es muy atrevida, y, visto lo visto, tenía razón.
*OECD-PISA. 2009. Green at Fifteen? How 15-year-olds perform in environmental science and geoscience in PISA 2006. OECD. 117 pp.
A partir de los datos de PISA 2006, Davir Baker y su grupo, de la Universidad de Pennsylvania, elaboraron un informe, titulado Green at Fifteen?, reuniendo las respuestas relacionadas con el medio ambiente. Este informe se puede obtener en pdf en la página web de la OCDE. Después del análisis de los datos, y sólo voy a exponer una de las conclusiones (para el resto recomiendo leer el informe completo), se detecta que los jóvenes que mejor conocen los problemas ambientales de nuestro tiempo, son los menos optimistas con su solución y con su futuro y, por el contrario, los más ignorantes son los más optimistas. Un antiguo refrán del campo español ya decía que La ignorancia es muy atrevida, y, visto lo visto, tenía razón.
*OECD-PISA. 2009. Green at Fifteen? How 15-year-olds perform in environmental science and geoscience in PISA 2006. OECD. 117 pp.
domingo 28 de junio de 2009
Energía eólica
De nuevo en el suplemento Dinero de El Correo del 24 de mayo, aparece un artículo muy interesante sobre el futuro de la energía eólica en relación con el Presidente Obama y su apoyo a las energías renovables. Escrito por Carmelo Lezana, lo reproduzco a continuación:
Viento de cola para la energía eólica española
El plande Obama para impulsar las renovables y la apuesta de la UE por la "Revolución Verde" dibujan un halagüeño futuro para el sector
CARMELO LEZANA El Correo Dinero 24-05-2009
Vota
El eólico se ha convertido en uno de los sectores españoles con mayor crecimiento durante los últimos años, al multiplicar su actividad en sólo una década por más de diez. Y sigue avanzando en su expansión, tanto a nivel nacional como internacional. Frente a la delicada situación que atraviesan muchos negocios golpeados por la recesión, el de la generación de electricidad por el viento aguanta el tirón con mayor comodidad y mantiene el crecimiento.
El todavía joven sector eólico español se ha convertido en referencia mundial. Los 16.740 megavatios (MW) instalados ya en 2008 convierten a España en el tercer país del 'ranking' y le sitúan muy cerca de alcanzar dentro de dos años los 22.155 MW fijados en el Plan de Energías Renovables 2005-2010.
La molinos de viento evitaron el pasado año la emisión de 20 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, un empujoncito contra el cambio climático. Además, con una generación de 40.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos -las estimaciones indican que en 2012 esa cifra se elevará hasta los 56.000-, el sector cubrió el último ejercicio el 11,5% de la demanda de electricidad española y aportó 3.270 millones de euros a la riqueza nacional; esto es, un 0,35% del PIB según datos de la Asociación Empresarial Eólica. A tenor de las proyecciones elaboradas por la propia industria, el impacto global alcanzará en cuatro años los 5.467 millones de euros, lo que supondrá un 0,45% del Producto Interior.
La actividad del negocio eólico no sólo se deja notar en el mercado interior. También tiene un importante impacto en la balanza comercial española. En 2007, el sector realizó exportaciones por valor de 2.550 millones de euros y, de hecho, las venta exteriores de la electricidad generada por el viento ya superan a las de la prestigiosa industria vinícola española.
La cada vez mayor dimensión global del sector tiene su origen, en gran medida, en la apuesta que han realizado algunas grandes empresas. Y un claro ejemplo es Iberdrola Renovables, líder mundial en energía eólica con 9.700 MW de potencia instalada que, además, atesora la cartera de proyectos más grande del mundo: 56.000 MW. El crecimiento experimentado por la compañía, que ocupa el séptimo puesto del 'ranking' del Ibex 35 por capitalización, es tal que se ha convertido en el mayor vector del crecimiento del grupo que capitanea Ignacio Sánchez Galán.
Su empresa es, sin duda, la gran referencia eólica española, pero existen otros grupos que también ocupan posiciones muy destacadas a nivel internacional. Es el caso de Acciona Energía, la división energética de Acciona, que se ha convertido en el mayor desarrollador y constructor del mundo de parques eólicos, así como en el séptimo fabricante de aerogeneradores de tecnología propia. En este último campo, el de la producción de molinos de viento, otra compañía española, Gamesa -participada por Iberdrola-, ocupa un puesto de liderazgo mundial, con una cuota de mercado a cierre de 2008 del 13,7%.
Contra la recesión
Al calor de las grandes empresas, el sector eólico español avanza con fuerza, pese a que también sufre los efectos de la crisis económica y financiera que azota a todo el planeta. De hecho, la sequía de la financiación ha provocado la paralización de numerosos proyectos.
¿Y el futuro? Existen algunas incógnitas en el corto plazo derivadas del nuevo marco regulatorio que va a regir las renovables en los próximos años, definiendo el alcance de las retribuciones para este tipo de proyectos. De hecho, la Asociación Empresarial Eólica ha pedido al Gobierno de Rodríguez Zapatero más diálogo a la hora de precisar qué reglas guiarán al sector.
Con la vista puesta algo más allá, existe una total coincidencia entre los especialistas en que el sector eólico español tiene ante sí un «inmejorable panorama», derivado tanto del plan impulsado por el presidente de EE UU, Barack Obama, para lanzar las energías renovables en su país, como de los ambiciosísimos objetivos fijados por la Unión Europea.
La UE se ha fijado como meta lograr que en una década, en el año 2020, el 20% del consumo energético de sus socios proceda de las renovables. La consecuencia inmediata de semejante apuesta será que la electricidad generada por la fuerza del viento tendrá que crecer entre un 25% y un 30%, lo que requerirá la puesta en marcha de nuevas instalaciones.
Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, Obama ha puesto en marcha un goloso plan de estímulo a las energías limpias del que empresas como Iberdrola, con una amplia presencia en aquel mercado, esperan beneficiarse de una forma muy importante. De hecho, EE UU es un «país clave» para la empresa líder eólica mundial, ya que el 42% de su cartera de proyectos se ubica allí. La Administración demócrata, entre otras medidas, concederá ayudas directas de hasta el 30% de la inversión.
Viento de cola para la energía eólica española
El plande Obama para impulsar las renovables y la apuesta de la UE por la "Revolución Verde" dibujan un halagüeño futuro para el sector
CARMELO LEZANA El Correo Dinero 24-05-2009
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El eólico se ha convertido en uno de los sectores españoles con mayor crecimiento durante los últimos años, al multiplicar su actividad en sólo una década por más de diez. Y sigue avanzando en su expansión, tanto a nivel nacional como internacional. Frente a la delicada situación que atraviesan muchos negocios golpeados por la recesión, el de la generación de electricidad por el viento aguanta el tirón con mayor comodidad y mantiene el crecimiento.
El todavía joven sector eólico español se ha convertido en referencia mundial. Los 16.740 megavatios (MW) instalados ya en 2008 convierten a España en el tercer país del 'ranking' y le sitúan muy cerca de alcanzar dentro de dos años los 22.155 MW fijados en el Plan de Energías Renovables 2005-2010.
La molinos de viento evitaron el pasado año la emisión de 20 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, un empujoncito contra el cambio climático. Además, con una generación de 40.000 puestos de trabajo entre empleos directos e indirectos -las estimaciones indican que en 2012 esa cifra se elevará hasta los 56.000-, el sector cubrió el último ejercicio el 11,5% de la demanda de electricidad española y aportó 3.270 millones de euros a la riqueza nacional; esto es, un 0,35% del PIB según datos de la Asociación Empresarial Eólica. A tenor de las proyecciones elaboradas por la propia industria, el impacto global alcanzará en cuatro años los 5.467 millones de euros, lo que supondrá un 0,45% del Producto Interior.
La actividad del negocio eólico no sólo se deja notar en el mercado interior. También tiene un importante impacto en la balanza comercial española. En 2007, el sector realizó exportaciones por valor de 2.550 millones de euros y, de hecho, las venta exteriores de la electricidad generada por el viento ya superan a las de la prestigiosa industria vinícola española.
La cada vez mayor dimensión global del sector tiene su origen, en gran medida, en la apuesta que han realizado algunas grandes empresas. Y un claro ejemplo es Iberdrola Renovables, líder mundial en energía eólica con 9.700 MW de potencia instalada que, además, atesora la cartera de proyectos más grande del mundo: 56.000 MW. El crecimiento experimentado por la compañía, que ocupa el séptimo puesto del 'ranking' del Ibex 35 por capitalización, es tal que se ha convertido en el mayor vector del crecimiento del grupo que capitanea Ignacio Sánchez Galán.
Su empresa es, sin duda, la gran referencia eólica española, pero existen otros grupos que también ocupan posiciones muy destacadas a nivel internacional. Es el caso de Acciona Energía, la división energética de Acciona, que se ha convertido en el mayor desarrollador y constructor del mundo de parques eólicos, así como en el séptimo fabricante de aerogeneradores de tecnología propia. En este último campo, el de la producción de molinos de viento, otra compañía española, Gamesa -participada por Iberdrola-, ocupa un puesto de liderazgo mundial, con una cuota de mercado a cierre de 2008 del 13,7%.
Contra la recesión
Al calor de las grandes empresas, el sector eólico español avanza con fuerza, pese a que también sufre los efectos de la crisis económica y financiera que azota a todo el planeta. De hecho, la sequía de la financiación ha provocado la paralización de numerosos proyectos.
¿Y el futuro? Existen algunas incógnitas en el corto plazo derivadas del nuevo marco regulatorio que va a regir las renovables en los próximos años, definiendo el alcance de las retribuciones para este tipo de proyectos. De hecho, la Asociación Empresarial Eólica ha pedido al Gobierno de Rodríguez Zapatero más diálogo a la hora de precisar qué reglas guiarán al sector.
Con la vista puesta algo más allá, existe una total coincidencia entre los especialistas en que el sector eólico español tiene ante sí un «inmejorable panorama», derivado tanto del plan impulsado por el presidente de EE UU, Barack Obama, para lanzar las energías renovables en su país, como de los ambiciosísimos objetivos fijados por la Unión Europea.
La UE se ha fijado como meta lograr que en una década, en el año 2020, el 20% del consumo energético de sus socios proceda de las renovables. La consecuencia inmediata de semejante apuesta será que la electricidad generada por la fuerza del viento tendrá que crecer entre un 25% y un 30%, lo que requerirá la puesta en marcha de nuevas instalaciones.
Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, Obama ha puesto en marcha un goloso plan de estímulo a las energías limpias del que empresas como Iberdrola, con una amplia presencia en aquel mercado, esperan beneficiarse de una forma muy importante. De hecho, EE UU es un «país clave» para la empresa líder eólica mundial, ya que el 42% de su cartera de proyectos se ubica allí. La Administración demócrata, entre otras medidas, concederá ayudas directas de hasta el 30% de la inversión.
sábado 6 de junio de 2009
Sostenibilidad
Seguimos con la serie de artículos sobre energía que publicó el suplemento Dinero de El Correo del 24 de mayo de 2009. Ahora toca un comentario de Ignacio Marco-Gardoqui sobre el uso, a veces rutinario, del término sostenibilidad. Recuerda a la moda, que ya dura varios de años, de utilizar el prefijo bio- o el término ecológico casi para cualquier cosa o asunto, a menudo sin el menor rigor.
El mantra de la sostenibilidad
Ignacio Marco-Gardoqui El Correo Dinero 24 mayo 2009
Ahora que la crisis campa a sus anchas se intensifican las urgencias del cambio de modelo. La construcción y el consumo nos han mantenido a flote durante una década, pero también han engendrado un monstruo, en forma de endeudamiento masivo, que ha terminado por socavar los cimientos del sistema financiero y por arruinar la demanda. Ahora no toca consumir y los ciudadanos recuperan la olvidada virtud del ahorro. En esta nueva coyuntura, la palabra mágica es «sostenible». Todo tiene que ser sostenible. Las empresas, el consumo de energía, las ciudades, el transporte, la vivienda y todo aquello que se les ocurra.
El cambio hacia un modelo basado en la innovación, la exportación y la sostenibilidad carece de opositores, pero se plantea como un mantra sin concreción. No es algo que se pueda inducir sólo con eslóganes lanzados desde el púlpito del Congreso a unos políticos inermes y ante una opinión pública poco involucrada. Necesita una auténtica regeneración social; exige un movimiento de sensibilización que llegue a todas las capas de la población; requiere una clase empresarial dispuesta a aceptar el reto y unos sindicatos preparados para acomodarse al nuevo orden.
La preocupación por la sostenibilidad de nuestra economía, del conjunto de nuestro sistema de vida es oportuna y conveniente. Pero convendrán conmigo en que sería necesario debatir la cuestión con mayor profundidad y orden y fijar las prioridades con cierta precisión. Estas carencias se aprecian con nitidez cuando hablamos de la energía y, en concreto, de la que tiene origen nuclear. La cuestión es tan importante y conlleva tales consecuencias que no podemos dejarla, exclusivamente, en las manos de los políticos. Es imprescindible que se abra un debate público, sin demagogias, enfriando las pasiones y prestando más atención a los expertos.
La energía nuclear despierta temores a causa de su enorme potencial destructivo y a los irresueltos problemas de localización de los residuos. Pero tiene también ventajas indudables. Las centrales diseñadas, construidas y controladas con sistemas occidentales avanzados no han causado, hasta ahora, ningún daño. Ayudan a la sostenibilidad gracias a sus bajas emisiones de CO2, y favorecen a la economía, en general, por efecto de sus bajos costes.
Los grupos de defensores y detractores están entremezclados en medio de las siglas políticas y de las organizaciones sociales. Por eso es necesario utilizar información científica contrastada, debatir el asunto con publicidad y calma y tomar decisiones que cuenten con el mayor apoyo posible. Nos jugamos mucho en el envite. Nos jugamos tanto que no podemos obviarlo.
El mantra de la sostenibilidad
Ignacio Marco-Gardoqui El Correo Dinero 24 mayo 2009
Ahora que la crisis campa a sus anchas se intensifican las urgencias del cambio de modelo. La construcción y el consumo nos han mantenido a flote durante una década, pero también han engendrado un monstruo, en forma de endeudamiento masivo, que ha terminado por socavar los cimientos del sistema financiero y por arruinar la demanda. Ahora no toca consumir y los ciudadanos recuperan la olvidada virtud del ahorro. En esta nueva coyuntura, la palabra mágica es «sostenible». Todo tiene que ser sostenible. Las empresas, el consumo de energía, las ciudades, el transporte, la vivienda y todo aquello que se les ocurra.
El cambio hacia un modelo basado en la innovación, la exportación y la sostenibilidad carece de opositores, pero se plantea como un mantra sin concreción. No es algo que se pueda inducir sólo con eslóganes lanzados desde el púlpito del Congreso a unos políticos inermes y ante una opinión pública poco involucrada. Necesita una auténtica regeneración social; exige un movimiento de sensibilización que llegue a todas las capas de la población; requiere una clase empresarial dispuesta a aceptar el reto y unos sindicatos preparados para acomodarse al nuevo orden.
La preocupación por la sostenibilidad de nuestra economía, del conjunto de nuestro sistema de vida es oportuna y conveniente. Pero convendrán conmigo en que sería necesario debatir la cuestión con mayor profundidad y orden y fijar las prioridades con cierta precisión. Estas carencias se aprecian con nitidez cuando hablamos de la energía y, en concreto, de la que tiene origen nuclear. La cuestión es tan importante y conlleva tales consecuencias que no podemos dejarla, exclusivamente, en las manos de los políticos. Es imprescindible que se abra un debate público, sin demagogias, enfriando las pasiones y prestando más atención a los expertos.
La energía nuclear despierta temores a causa de su enorme potencial destructivo y a los irresueltos problemas de localización de los residuos. Pero tiene también ventajas indudables. Las centrales diseñadas, construidas y controladas con sistemas occidentales avanzados no han causado, hasta ahora, ningún daño. Ayudan a la sostenibilidad gracias a sus bajas emisiones de CO2, y favorecen a la economía, en general, por efecto de sus bajos costes.
Los grupos de defensores y detractores están entremezclados en medio de las siglas políticas y de las organizaciones sociales. Por eso es necesario utilizar información científica contrastada, debatir el asunto con publicidad y calma y tomar decisiones que cuenten con el mayor apoyo posible. Nos jugamos mucho en el envite. Nos jugamos tanto que no podemos obviarlo.
domingo 31 de mayo de 2009
Energías renovables
En el suplemento Dinero de El Correo del 24 de mayo aparece un dossier sobre energías renovables. Los artículos del dossier los iré bajando al blog en los próximos días. El primero, firmado por J.A. Bravo, trata de los proyectos del Gobierno de Rodríguez Zapatero sobre las energías renovables.
El Gobierno quiere que el cambio de modelo pase por las renovables
Las cifras, sin embargo, no terminan de cuadrar
J. A. BRAVO El Correo 24 mayo 2009
Las llamadas energías 'verdes' se han convertido en la 'niña bonita' de muchos gobiernos occidentales, pensando ya en la salida de una crisis a la que, «brotes» aparte, se continúa sin ver el final. España, que en esta aventura sí puede ir de la mano de Estados Unidos, las quiere tomar como una de las bases de su nuevo modelo de crecimiento económico, ese tan pretendido desde hace años como difícil de conseguir.
El problema es que las cifras que arroja el sector permiten una doble lectura. Por un lado, son, sin duda, una de las industrias con mayor capacidad de desarrollo en las próximas décadas a nivel mundial, entre otras cosas porque el cumplimiento del protocolo de Kyoto y el plan de objetivos de la Unión Europea contra el cambio climático la están llevando casi en volandas. De otro, sin embargo, para algunos economistas son, al menos por ahora, casi un artículo de lujo, cuya rentabilidad depende en gran medida de las cuantiosas subvenciones públicas que recibe cada año.
Desde el Gobierno, empero, restan importancia a la segunda. Por eso, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero destacó hace pocas fechas las bondades de las fuentes renovables, que piensa impulsar durante la presidencia española de la UE, en el primer semestre de 2009. A su juicio, representan una «gran reforma estructural», que ayudará a crear puestos de trabajo y reducirá la dependencia del petróleo.
Esto último ya está ocurriendo, a la luz de los datos del Ministerio de Industria y de Red Eléctrica Española (REE). Así, en 2008 las 'verdes' aportaron el 7,6% del consumo de energía primaria -un 0,6% más que el ejercicio anterior- y un 19% de la electricidad que se utilizó -en el primer cuatrimestre, esta contribución superó el 30%-, aumentando así su peso en un 'mix' en el que también elevaron su aportación el gas natural y las nucleares, mientras que el carbón y el crudo la redujeron.
Más empleo
Respecto a la generación de empleo, las energías 'verdes' dieron trabajo a un total de 73.900 personas, 175.000 si se suman los puestos directos e indirectos, cifras que en 2010 podría superar los 94.000 y los 230.000, respectivamente, y llegar a los 270.000 en 2020. A su vez, el consumo de estas fuentes 'limpias' llegará al 12% del total en 2010, según las estimaciones del vigente plan estatal de renovables.
Y es que si algo favorece a este sector son precisamente las previsiones. Un reciente informe de Greenpeace sostiene que es «posible» que su peso en el mundo pase del 18% actual al 32% en 2020 y al 56% en 2050. Eso sí, acepta que habrá unos costes «considerables» a corto plazo, pero apunta que a partir de 2015 la factura global se reduciría de manera progresiva, de manera que se alcanzaría la fecha estimada con un ahorro anual cercano a los tres billones de dólares. Para ello, no obstante, sería necesario establecer por ley nuevos objetivos de cumplimiento obligatorio en la planificación pero, sobre todo, poner fin a cualquier tipo de subvención que reciban los combustibles fósiles y las nucleares.
Y es que si en algo coinciden los defensores y los detractores de estas energías es que su continuidad depende hoy en día de las ayudas públicas, si bien se espera que algunas de ellas puedan ser competitivas y rentables a medio plazo, como ocurriría con la energía solar fotovoltaica a partir de 2015. De momento, en 2008 aportaron 5.475 millones de euros al producto interior bruto (PIB), lo que representa tan solo el 0,5%.
Para Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana y coautor, junto a la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, de un informe crítico, cada empleo 'verde' generado desde el año 2000 «le ha costado al contribuyente 571.138 euros, precisamente por las subvenciones, además de contribuir a la destrucción de 2,2 empleos en otros sectores por falta de fondos para ellos».
Según los datos que se manejan en dicho estudio, cuyos ecos han llegado incluso a la Casa Blanca -donde el presidente Barack Obama ha puesto a España como espejo para el desarrollo de las fuentes renovables en su país-, desde el año 2000 dicho sector ha recibido 28.671 millones de euros del erario público, fundamentalmente del Estado pero también de las comunidades autónomas. «Al final lo hemos pagado en subidas del precio de la luz o en más impuestos», argumenta Calzada, quien aduce que ello explica una parte considerable del déficit tarifario eléctrico en los últimos años.
Estas proporciones -para crear, por ejemplo, un millón de empleos 'verdes' habría que dejar en la estacada a más del doble de otro tipo- no han retraído, sin embargo, los deseos de destacadas personalidades por que los países apuesten por el sector pensando en la ansiada recuperación económica. Lo hace el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Joaquín Almunia, quien ve «una inmensa potencialidad de crecimiento» a través del mismo, y abunda en ello el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, quien cree que «las renovables son el futuro y, si no vamos voluntariamente por ese camino, perderemos un tiempo que costará recuperar».
España ya está en ese camino, aunque los analistas advierten de que deben ser las compañías privadas y no el Gobierno las que elijan el modelo productivo, en la medida que las inversiones más fuertes dependerán de ellas, como apunta Juan Carlos Martínez, del Instituto de Empresa. Luis de Sebastián, catedrático de Economía por la Universidad Ramón Llull de Barcelona, considera que «una cosa es reducir la elevada dependencia del sector de la construcción, que en España supone el 11% del PIB frente a la media del 6% en que se sitúa en las economías avanzadas, y otra cosa hablar de una verdadera economía sostenible como algo rentable, sobre todo a corto y medio plazo». La solución puede estar en el exterior.
El Gobierno quiere que el cambio de modelo pase por las renovables
Las cifras, sin embargo, no terminan de cuadrar
J. A. BRAVO El Correo 24 mayo 2009
Las llamadas energías 'verdes' se han convertido en la 'niña bonita' de muchos gobiernos occidentales, pensando ya en la salida de una crisis a la que, «brotes» aparte, se continúa sin ver el final. España, que en esta aventura sí puede ir de la mano de Estados Unidos, las quiere tomar como una de las bases de su nuevo modelo de crecimiento económico, ese tan pretendido desde hace años como difícil de conseguir.
El problema es que las cifras que arroja el sector permiten una doble lectura. Por un lado, son, sin duda, una de las industrias con mayor capacidad de desarrollo en las próximas décadas a nivel mundial, entre otras cosas porque el cumplimiento del protocolo de Kyoto y el plan de objetivos de la Unión Europea contra el cambio climático la están llevando casi en volandas. De otro, sin embargo, para algunos economistas son, al menos por ahora, casi un artículo de lujo, cuya rentabilidad depende en gran medida de las cuantiosas subvenciones públicas que recibe cada año.
Desde el Gobierno, empero, restan importancia a la segunda. Por eso, el presidente José Luis Rodríguez Zapatero destacó hace pocas fechas las bondades de las fuentes renovables, que piensa impulsar durante la presidencia española de la UE, en el primer semestre de 2009. A su juicio, representan una «gran reforma estructural», que ayudará a crear puestos de trabajo y reducirá la dependencia del petróleo.
Esto último ya está ocurriendo, a la luz de los datos del Ministerio de Industria y de Red Eléctrica Española (REE). Así, en 2008 las 'verdes' aportaron el 7,6% del consumo de energía primaria -un 0,6% más que el ejercicio anterior- y un 19% de la electricidad que se utilizó -en el primer cuatrimestre, esta contribución superó el 30%-, aumentando así su peso en un 'mix' en el que también elevaron su aportación el gas natural y las nucleares, mientras que el carbón y el crudo la redujeron.
Más empleo
Respecto a la generación de empleo, las energías 'verdes' dieron trabajo a un total de 73.900 personas, 175.000 si se suman los puestos directos e indirectos, cifras que en 2010 podría superar los 94.000 y los 230.000, respectivamente, y llegar a los 270.000 en 2020. A su vez, el consumo de estas fuentes 'limpias' llegará al 12% del total en 2010, según las estimaciones del vigente plan estatal de renovables.
Y es que si algo favorece a este sector son precisamente las previsiones. Un reciente informe de Greenpeace sostiene que es «posible» que su peso en el mundo pase del 18% actual al 32% en 2020 y al 56% en 2050. Eso sí, acepta que habrá unos costes «considerables» a corto plazo, pero apunta que a partir de 2015 la factura global se reduciría de manera progresiva, de manera que se alcanzaría la fecha estimada con un ahorro anual cercano a los tres billones de dólares. Para ello, no obstante, sería necesario establecer por ley nuevos objetivos de cumplimiento obligatorio en la planificación pero, sobre todo, poner fin a cualquier tipo de subvención que reciban los combustibles fósiles y las nucleares.
Y es que si en algo coinciden los defensores y los detractores de estas energías es que su continuidad depende hoy en día de las ayudas públicas, si bien se espera que algunas de ellas puedan ser competitivas y rentables a medio plazo, como ocurriría con la energía solar fotovoltaica a partir de 2015. De momento, en 2008 aportaron 5.475 millones de euros al producto interior bruto (PIB), lo que representa tan solo el 0,5%.
Para Gabriel Calzada, presidente del Instituto Juan de Mariana y coautor, junto a la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, de un informe crítico, cada empleo 'verde' generado desde el año 2000 «le ha costado al contribuyente 571.138 euros, precisamente por las subvenciones, además de contribuir a la destrucción de 2,2 empleos en otros sectores por falta de fondos para ellos».
Según los datos que se manejan en dicho estudio, cuyos ecos han llegado incluso a la Casa Blanca -donde el presidente Barack Obama ha puesto a España como espejo para el desarrollo de las fuentes renovables en su país-, desde el año 2000 dicho sector ha recibido 28.671 millones de euros del erario público, fundamentalmente del Estado pero también de las comunidades autónomas. «Al final lo hemos pagado en subidas del precio de la luz o en más impuestos», argumenta Calzada, quien aduce que ello explica una parte considerable del déficit tarifario eléctrico en los últimos años.
Estas proporciones -para crear, por ejemplo, un millón de empleos 'verdes' habría que dejar en la estacada a más del doble de otro tipo- no han retraído, sin embargo, los deseos de destacadas personalidades por que los países apuesten por el sector pensando en la ansiada recuperación económica. Lo hace el comisario de Asuntos Económicos de la UE, Joaquín Almunia, quien ve «una inmensa potencialidad de crecimiento» a través del mismo, y abunda en ello el secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), Ángel Gurría, quien cree que «las renovables son el futuro y, si no vamos voluntariamente por ese camino, perderemos un tiempo que costará recuperar».
España ya está en ese camino, aunque los analistas advierten de que deben ser las compañías privadas y no el Gobierno las que elijan el modelo productivo, en la medida que las inversiones más fuertes dependerán de ellas, como apunta Juan Carlos Martínez, del Instituto de Empresa. Luis de Sebastián, catedrático de Economía por la Universidad Ramón Llull de Barcelona, considera que «una cosa es reducir la elevada dependencia del sector de la construcción, que en España supone el 11% del PIB frente a la media del 6% en que se sitúa en las economías avanzadas, y otra cosa hablar de una verdadera economía sostenible como algo rentable, sobre todo a corto y medio plazo». La solución puede estar en el exterior.
domingo 24 de mayo de 2009
Los famosos y el medio ambiente
Leonardo Di Caprio produce un documental sobre temas ambientales; Al Gore, más telepredicador que político, vive del medio ambiente aunque no vive los problemas ambientales; actores y actrices como George Clooney y Julia Roberts; cantantes como Bono o Bob Geldof, todos, todos ellos, hacen declaraciones sobre el medio ambiente, dando su opinión y creando opinión pública sobre el futuro del planeta y de nuestra especie. Maxwell Boykoff y Michael Goodman, de la Universidad de Oxford, intentan profundizar en esta relación entre famosos y medio ambiente, tan evidente e importante en nuestros días. De Boykoff ya conocemos su opinión sobre la relación entre medios de comunicación y medio ambiente; ahora vamos a acercarnos a su estudio sobre los famosos y, en este caso, el cambio climático.
Según Boykoff y Goodman, hay que investigar cuatro apartados como método de acercamiento a este asunto. En primer lugar, quiénes son estas celebridades y cómo se integran en lo que los autores llaman Sistema de Celebridades Politizadas. En segundo lugar, y como ejemplo reciente de la relación famosos-medio ambiente, los autores se van a centrar en el cambio climático y las iniciativas y conductas de los famosos en relación con el sistema, que se está formando, entre ciencia, política y famosos. En tercer lugar, hay que analizar por qué está ocurriendo esta relación entre famosos y problemas ambientales, sobre todo porque comienza a existir una realimentación entre noticias, política y estrellato. Y, en cuarto lugar, los famosos están creando un nuevo espacio en el que ya son considerados "expertos" o, por lo menos, "conferenciantes autorizados" sobre problemas ambientales (el paradigma es Al Gore: de político a experto en dos libros, un documental y muchas conferencias muy bien pagadas); es más, según el caso, las denuncias de alguno de los famosos los acaban convirtiendo, por los sacrificios que implica vivir según sus denuncias, en algo así como "héroes" en su lucha contra el sistema que degrada nuestro entorno (quizá por eso hay tantos vegetarianos entre los famosos). En fin, hay que investigar en detalle las promesas, errores y contradicciones de esta fascinación que algunos, muchos, famosos sienten por el medio ambiente.
Es evidente que las actividades del famoseo interesan a los medios y al gran público. También está claro que las actividades de los famosos en relación con el medio ambiente llegan a un público más extenso que si las mismas actividades las llevan a cabo personas menos conocidas y seguidas por los medios. Y, también es evidente que el párrafo anterior es viceversa, es decir, el famoso también se aprovecha de la preocupación social sobre el medio ambiente para llegar a más personas (hay actores y cantantes que sólo hablan del medio ambiente cuando estrenan una película o lanzan un nuevo disco). Es difícil, en la vida cotidiana de los famosos, conciliar el interés y las denuncias sobre problemas concretos del medio ambiente con lo que podríamos llamar la "ética medioambiental" (recordar, otra vez en Al Gore, su mansión, sus varios 4x4 o sus vuelos privados en aviones de pasajeros).
Para acabar y como curiosidad, según los autores, y basándose en una encuesta de Nielsen realizada por internet, los famosos con más influencia mediática en asuntos ambientales son, en este orden, Al Gore, Ophra Winfrey, Bill Clinton, Bono, Richard Branson, Nelson Mandela, Arnold Schwarzeneger, Bob Geldof, Kofi Annan y Angelina Jolie.
Este es un resumen muy sucinto del artículo de Boykoff y Goodman; quien quiera leerlo en su totalidad, puede encontrar el pdf en esta dirección: http://www.kcl.ac.uk/content/1/c4/98/59/GEOF864.pdf
La última frase del resumen del artículo es quizá la que condensa toda la discusión anterior. Dice así: Como una forma de acción contra el cambio climático, debemos considerar si es más efectivo "plantar" famosos en vez de árboles.
*Boykoff, M.T. & M.K. Goodman. 2009. Conspicuous redemption? Reflections on the promises and perils of the "Celebritization" of climate change. Geoforum DOI:10.1016/j.geoforum.2008.04.006
Según Boykoff y Goodman, hay que investigar cuatro apartados como método de acercamiento a este asunto. En primer lugar, quiénes son estas celebridades y cómo se integran en lo que los autores llaman Sistema de Celebridades Politizadas. En segundo lugar, y como ejemplo reciente de la relación famosos-medio ambiente, los autores se van a centrar en el cambio climático y las iniciativas y conductas de los famosos en relación con el sistema, que se está formando, entre ciencia, política y famosos. En tercer lugar, hay que analizar por qué está ocurriendo esta relación entre famosos y problemas ambientales, sobre todo porque comienza a existir una realimentación entre noticias, política y estrellato. Y, en cuarto lugar, los famosos están creando un nuevo espacio en el que ya son considerados "expertos" o, por lo menos, "conferenciantes autorizados" sobre problemas ambientales (el paradigma es Al Gore: de político a experto en dos libros, un documental y muchas conferencias muy bien pagadas); es más, según el caso, las denuncias de alguno de los famosos los acaban convirtiendo, por los sacrificios que implica vivir según sus denuncias, en algo así como "héroes" en su lucha contra el sistema que degrada nuestro entorno (quizá por eso hay tantos vegetarianos entre los famosos). En fin, hay que investigar en detalle las promesas, errores y contradicciones de esta fascinación que algunos, muchos, famosos sienten por el medio ambiente.
Es evidente que las actividades del famoseo interesan a los medios y al gran público. También está claro que las actividades de los famosos en relación con el medio ambiente llegan a un público más extenso que si las mismas actividades las llevan a cabo personas menos conocidas y seguidas por los medios. Y, también es evidente que el párrafo anterior es viceversa, es decir, el famoso también se aprovecha de la preocupación social sobre el medio ambiente para llegar a más personas (hay actores y cantantes que sólo hablan del medio ambiente cuando estrenan una película o lanzan un nuevo disco). Es difícil, en la vida cotidiana de los famosos, conciliar el interés y las denuncias sobre problemas concretos del medio ambiente con lo que podríamos llamar la "ética medioambiental" (recordar, otra vez en Al Gore, su mansión, sus varios 4x4 o sus vuelos privados en aviones de pasajeros).
Para acabar y como curiosidad, según los autores, y basándose en una encuesta de Nielsen realizada por internet, los famosos con más influencia mediática en asuntos ambientales son, en este orden, Al Gore, Ophra Winfrey, Bill Clinton, Bono, Richard Branson, Nelson Mandela, Arnold Schwarzeneger, Bob Geldof, Kofi Annan y Angelina Jolie.
Este es un resumen muy sucinto del artículo de Boykoff y Goodman; quien quiera leerlo en su totalidad, puede encontrar el pdf en esta dirección: http://www.kcl.ac.uk/content/1/c4/98/59/GEOF864.pdf
La última frase del resumen del artículo es quizá la que condensa toda la discusión anterior. Dice así: Como una forma de acción contra el cambio climático, debemos considerar si es más efectivo "plantar" famosos en vez de árboles.
*Boykoff, M.T. & M.K. Goodman. 2009. Conspicuous redemption? Reflections on the promises and perils of the "Celebritization" of climate change. Geoforum DOI:10.1016/j.geoforum.2008.04.006
domingo 10 de mayo de 2009
Calentamiento global: vacas y metano
Hace un par de años, Andrea Rizzi publicó un corto e interesante artículo en El País (1 de abril de 2007) sobre la producción de metano durante el proceso de digestión de los rumiantes, es decir, de las vacas. El metano es un gas con un potente efecto de invernadero y, por tanto, interviene en el calentamiento global. Es así que, a través de la ganadería intensiva, la especie humana interviene también en el cambio climático.
Las vacas se parecen a los coches más de lo que se cree
Flatulencias y estiércol del ganado representan el 5,75% de las emisiones en España. La ganadería es un masivo contribuyente al calentamiento global. Una vaca lechera europea emite cada día tantos gases nocivos como un coche en unos 50 kilómetros
ANDREA RIZZI - El País - Madrid - 01/04/2007
Los de los coches no son los únicos tubos de escape que amenazan el planeta: el 5,75% de los gases de efecto invernadero echados al aire en España en 2005 tuvo su origen en el ganado, en forma de estiércol o flatulencias. Eso por lo menos dice el inventario de gases de efecto invernadero publicado recientemente por el Ministerio del Medio Ambiente. Se trata de datos en línea con los europeos e inferiores a los de países en desarrollo, en los que la agricultura pesa más y la industria, menos. Nada mal las vaquitas, ¿verdad?
Pero eso no es todo. O, para ser más precisos, no es ni la mitad del problema. ¿Qué pasaría si se agruparan todas las emisiones que ocasiona la ganadería, incluyendo la deforestación que se produce para ofrecer pastos al ganado en muchas zonas del planeta, la producción de fertilizantes y piensos, el procesamiento de la carne, etcétera?
La respuesta es que se llegaría a sumar el 18% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Más de la mitad, por estiércol y fermentación entérica. Quien lo dice no es un grupo de activistas vegetarianos, sino la Organización Mundial para la Agricultura y Alimentación (FAO) en su estudio La larga sombra del ganado. Al leerlo, se desvanece enseguida la sensación de que el tema sea una graciosa e irrelevante curiosidad.
"La atención mediática está constantemente enfocada sobre coches, energía, industria... Eso está muy bien. Sin embargo, hay que tomar conciencia de que hay también otros sectores que contribuyen masivamente al calentamiento global", observa en una entrevista telefónica desde Roma Henning Steinfeld, quien dirigió el equipo de científicos que firma el estudio. Y hay motivos para hacerle caso.
Puede despertar incredulidad que la ganadería cause más emisiones que el transporte (responsable del 14% de las emisiones globales y del 21% en Europa), tal y como afirman los autores del estudio. Pero hablando con ellos, y con otros expertos, las dudas se despejan.
Si se toman las emisiones directas de una vaca lechera europea y se comparan con las de un coche medio calculadas por el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático, el resultado es sorprendente: esa vaca emite en un día lo mismo que ese coche en unos 50-60 kilómetros. En España hay unos 60 millones de cabezas de ganado. Entre ellas, 6,6 de bovinos.
¿Cómo puede el ganado hacer tanto daño con su digestión? Eso se debe a que los gases que emite -metano y óxido nitroso- son mucho más dañinos que el CO2. Cada gramo de óxido nitroso hace tanto daño como 296 de CO2. Basta poco para calentar mucho.
Esa sustancia, además, no sólo es emitida por el estiércol, sino también por los suelos agrícolas, que en parte se cultivan para crear alimento para el ganado. Añadiendo el peso de esa parte de suelo agrícola, la ganadería -sola- ya sobrepasa el 7% de las emisiones totales en España.
Jan Eric Petersen, experto de la Agencia Europea del Medioambiente, no se sorprende ante las cifras del estudio. "En Europa, la agricultura causa un 10% de las emisiones. La ganadería representa buena parte de esa cuota
. Si se añaden emisiones por deforestación, producción de fertilizantes, etcétera, el resultado crece. Si encima se considera que en nuestra economía la agricultura pesa mucho menos que en otras...". El 18% no queda lejos.
"Es un problema serio, claro que sí", dice Ignacio Sánchez, jefe de área de la Oficina de Cambio Climático española. "Aunque no sea el principal en los países desarrollados, es un tema serio". Serio y que crece: en 2050, el sector doblará su tamaño, aunque en Europa se haya estabilizado. La esperanza es que no lo haga a través de deforestaciones, una lacra que echa CO2 por todos los poros.
"Cuando se tala o quema un bosque, se libera a la atmósfera el carbono capturado en la vegetación", explica Petersen. "Además, el suelo queda luego más expuesto al sol, lo que acelera la descomposición de la materia orgánica". La ganadería tiene a que ver con eso. En América Latina, la FAO estima que el 65% de las tierras deforestadas acaban siendo pastizales.
"La ganadería contribuye masivamente al calentamiento global. Su potencial papel en la solución es de la misma escala", cierran los de FAO. ¡Ojo a las vacas! También.
Soluciones para un sector indispensable
En un mundo que pasa mucha hambre, la solución al problema del calentamiento global evidentemente no es estrangular la ganadería. Unos 1.300 millones de personas viven de ella; muchas más se alimentan gracias a ella. Además, cuando no causa deforestación, "la ganadería contribuye muy positivamente al mantenimiento del medio ambiente", como subraya Petersen.
Entonces: ¿Se puede hacer algo? Steinfeld y sus colegas hacen propuestas. "La alimentación del ganado es un factor fundamental. A través de ella se pueden reducir de manera muy significativa las emisiones. Una apropiada gestión del estiércol también ofrece resultados importantes", dice Steinfeld.
"Y claro está: ante el aumento de la población ganadera, para evitar ulteriores deforestaciones, habrá quizá que promover formas de ganadería intensiva", prosigue.
Pero ¿hay actualmente en marcha políticas adecuadas para lograr estos objetivos?
"La respuesta es, claramente, no", dice Steinfeld. "En algunas zonas el problema se toma más en serio. En Europa, por ejemplo. Pero en líneas generales, no. Hay que reconocer que es difícil, porque mucha gente pobre vive de esto".
Las vacas se parecen a los coches más de lo que se cree
Flatulencias y estiércol del ganado representan el 5,75% de las emisiones en España. La ganadería es un masivo contribuyente al calentamiento global. Una vaca lechera europea emite cada día tantos gases nocivos como un coche en unos 50 kilómetros
ANDREA RIZZI - El País - Madrid - 01/04/2007
Los de los coches no son los únicos tubos de escape que amenazan el planeta: el 5,75% de los gases de efecto invernadero echados al aire en España en 2005 tuvo su origen en el ganado, en forma de estiércol o flatulencias. Eso por lo menos dice el inventario de gases de efecto invernadero publicado recientemente por el Ministerio del Medio Ambiente. Se trata de datos en línea con los europeos e inferiores a los de países en desarrollo, en los que la agricultura pesa más y la industria, menos. Nada mal las vaquitas, ¿verdad?
Pero eso no es todo. O, para ser más precisos, no es ni la mitad del problema. ¿Qué pasaría si se agruparan todas las emisiones que ocasiona la ganadería, incluyendo la deforestación que se produce para ofrecer pastos al ganado en muchas zonas del planeta, la producción de fertilizantes y piensos, el procesamiento de la carne, etcétera?
La respuesta es que se llegaría a sumar el 18% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Más de la mitad, por estiércol y fermentación entérica. Quien lo dice no es un grupo de activistas vegetarianos, sino la Organización Mundial para la Agricultura y Alimentación (FAO) en su estudio La larga sombra del ganado. Al leerlo, se desvanece enseguida la sensación de que el tema sea una graciosa e irrelevante curiosidad.
"La atención mediática está constantemente enfocada sobre coches, energía, industria... Eso está muy bien. Sin embargo, hay que tomar conciencia de que hay también otros sectores que contribuyen masivamente al calentamiento global", observa en una entrevista telefónica desde Roma Henning Steinfeld, quien dirigió el equipo de científicos que firma el estudio. Y hay motivos para hacerle caso.
Puede despertar incredulidad que la ganadería cause más emisiones que el transporte (responsable del 14% de las emisiones globales y del 21% en Europa), tal y como afirman los autores del estudio. Pero hablando con ellos, y con otros expertos, las dudas se despejan.
Si se toman las emisiones directas de una vaca lechera europea y se comparan con las de un coche medio calculadas por el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático, el resultado es sorprendente: esa vaca emite en un día lo mismo que ese coche en unos 50-60 kilómetros. En España hay unos 60 millones de cabezas de ganado. Entre ellas, 6,6 de bovinos.
¿Cómo puede el ganado hacer tanto daño con su digestión? Eso se debe a que los gases que emite -metano y óxido nitroso- son mucho más dañinos que el CO2. Cada gramo de óxido nitroso hace tanto daño como 296 de CO2. Basta poco para calentar mucho.
Esa sustancia, además, no sólo es emitida por el estiércol, sino también por los suelos agrícolas, que en parte se cultivan para crear alimento para el ganado. Añadiendo el peso de esa parte de suelo agrícola, la ganadería -sola- ya sobrepasa el 7% de las emisiones totales en España.
Jan Eric Petersen, experto de la Agencia Europea del Medioambiente, no se sorprende ante las cifras del estudio. "En Europa, la agricultura causa un 10% de las emisiones. La ganadería representa buena parte de esa cuota
. Si se añaden emisiones por deforestación, producción de fertilizantes, etcétera, el resultado crece. Si encima se considera que en nuestra economía la agricultura pesa mucho menos que en otras...". El 18% no queda lejos.
"Es un problema serio, claro que sí", dice Ignacio Sánchez, jefe de área de la Oficina de Cambio Climático española. "Aunque no sea el principal en los países desarrollados, es un tema serio". Serio y que crece: en 2050, el sector doblará su tamaño, aunque en Europa se haya estabilizado. La esperanza es que no lo haga a través de deforestaciones, una lacra que echa CO2 por todos los poros.
"Cuando se tala o quema un bosque, se libera a la atmósfera el carbono capturado en la vegetación", explica Petersen. "Además, el suelo queda luego más expuesto al sol, lo que acelera la descomposición de la materia orgánica". La ganadería tiene a que ver con eso. En América Latina, la FAO estima que el 65% de las tierras deforestadas acaban siendo pastizales.
"La ganadería contribuye masivamente al calentamiento global. Su potencial papel en la solución es de la misma escala", cierran los de FAO. ¡Ojo a las vacas! También.
Soluciones para un sector indispensable
En un mundo que pasa mucha hambre, la solución al problema del calentamiento global evidentemente no es estrangular la ganadería. Unos 1.300 millones de personas viven de ella; muchas más se alimentan gracias a ella. Además, cuando no causa deforestación, "la ganadería contribuye muy positivamente al mantenimiento del medio ambiente", como subraya Petersen.
Entonces: ¿Se puede hacer algo? Steinfeld y sus colegas hacen propuestas. "La alimentación del ganado es un factor fundamental. A través de ella se pueden reducir de manera muy significativa las emisiones. Una apropiada gestión del estiércol también ofrece resultados importantes", dice Steinfeld.
"Y claro está: ante el aumento de la población ganadera, para evitar ulteriores deforestaciones, habrá quizá que promover formas de ganadería intensiva", prosigue.
Pero ¿hay actualmente en marcha políticas adecuadas para lograr estos objetivos?
"La respuesta es, claramente, no", dice Steinfeld. "En algunas zonas el problema se toma más en serio. En Europa, por ejemplo. Pero en líneas generales, no. Hay que reconocer que es difícil, porque mucha gente pobre vive de esto".
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